Todo acto de creación es un acto de
destrucción. Las personas que dejan de lado su destructor interior y se apegan
a ideas y formas, alejan la inspiración.
La rigidez, la comodidad y la seguridad
de la vida diaria nos alejan cada vez más de la inspiración.
El otro día leí un artículo más que
interesante sobre la creatividad, que depende por supuesto de la inspiración,
decía que vivir una vida inspirada es un deseo de todos, es como un regalo, una
gracia o un don, que puedes desearla, pero no agarrarla. Y es que decía este
articulo que para inspirarnos debemos conectar los dos hemisferios de nuestro
cerebro, y esto no es nada fácil, en una sociedad que siempre ha privilegiado
lo lógica, lo analítico y lineal,
características que pertenecen al hemisferio
cerebral izquierdo, pero últimamente los expertos destacan la necesidad de
rescatar las virtudes del hemisferio derecho, lo intuitivo, lo poético, es en
este hemisferio donde se encuentran las musas, claro está si estamos dispuestos
a arrodillar a nuestro lógico hemisferio izquierdo, entonces como hacer para
que la tan anhelada inspiración nos llegue?, debemos a aprender a pensar divergentemente,
es decir sin las ataduras lógicas, por la fluidez y la erupción de grandes
cantidades de imágenes e ideas, poner el mundo al derecho y al revés.
Pero la inspiración no llega sin jugar,
por eso cuando nos sintamos atrofiados y paralizados, algo bueno sería
sentarnos en el piso y volver a jugar como lo hacen los niños, cantar, bailar,
actuar, disfrazarse, convertirse, desordenar, nos olvidamos que para prolongar
nuestra vida, ser longevos y fuertes no importan tanto las medidas
profilácticas que tomemos en nuestra vida, más bien si que importa la capacidad
de jugar, de gozar la vida, y mantenernos jóvenes de espíritu.
Picasso decía “La inspiración existe,
pero tiene que encontrarte trabajando”. Y digamos que también debería
encontrarte jugando.
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